miércoles, 14 de septiembre de 2016

¿La comida sustituye al amor?


La compulsión es desesperación en el nivel emocional, es el sentimiento de que no hay nadie en casa. Nos volvemos compulsivos para sentir que hay alguien en casa.
Lo único que siempre quisimos fue amor.
No queríamos volvernos compulsivos. Lo hicimos para sobrevivir. Lo hicimos para no volvernos locos. Porque nos hacia bien.
La comida era nuestro amor, comer era nuestra manera de ser amados. La comida era accesible cuando nuestros padres no lo eran. La comida no se levantaba y se iba, como los padres.  No nos decía que no. No nos pegaba. La comida no se emborrachaba, y estaba siempre ahí. Tenia buen sabor. La comida estaba caliente cuando teníamos frio, y fría cuando teníamos calor. La comida llegó a ser la mejor forma de amor que conocíamos.
Pero la comida no es más que un sustituto del amor. La comida no es amor, ni jamás lo ha sido.
Somos muchos los que hemos estado usando la comida como sustituto del amor durante tantos años que ya no reconocemos la diferencia entre buscar el amor en la comida y buscar el amor en el amor.
Y no porque seamos ignorantes, sino porque nunca nos han amado bien, no sabemos cómo es el amor. Y si no nos han amado bien, nosotros tampoco podemos amarnos bien. El comportamiento compulsivo, en el nivel más fundamental, es una falta de amor hacia uno mismo, es una expresión de no valer lo suficiente.

El fragmento corresponde al libro de Geneen Roth : Cuando la comida sustituye al amor, las relaciones entre las carencias afectivas y nuestra actitud ante la comida

¿La comida sustituye al amor? ¿El comportamiento compulsivo es una falta de amor a uno mismo?Creo que son preguntas que cada uno debe contestarse, adentrándose con gentileza y con curiosidad en su historia de vida. Creo que la comida no tiene un significado universal; para algunos puede ser un premio, un “yo me lo merezco” después de un día difícil, para otros es un castigo. Entonces: ¿La comida es el enemigo? ¿Es una recompensa? ¿Es una manera de anestesiarnos, de evadirnos de nuestros sentimientos difíciles? ¿La comida es un placer?
Con la práctica de mindfulness (atención plena) podemos echar un poco de luz a estas preguntas, de modo de ir modificando nuestra forma de relacionarnos con la comida y tener una vida saludable y plena
¿Qué significa la comida para vos?

María Fernanda Blanco
Psicóloga

contacto:
15.6787.0730
En Facebook:
Firmando la paz con la comida

sábado, 27 de febrero de 2016

El atracón no es un enemigo



Para sanar nuestras compulsiones  es necesario que tomemos  conciencia de lo que nos está pasando, de lo que estamos sintiendo, de lo que estamos pensando.

 Creemos que el atracón es un monstruo, un bicho, un enemigo al que hay que aniquilar. Tarea que resulta una misión imposible. Para sanar nuestras compulsiones  en vez de luchar, forcejear, paralizarnos o huir es importante aprender a mirar al atracón a la cara, aprender a  darle su espacio.  Aprender a  abrazar la compulsión y escuchar qué historia tiene para contarnos, qué mensaje nos viene a traer. Aprender a pedir ayuda cuando no se puede solo.

Irene Celcer, describe de una manera muy clara ese momento tan angustiante, tan temido.

            El atracón es un enemigo peligroso y astuto. Es difícil verlo y, casi siempre, imposible encontrarlo. Pero existe. Vive. Llega de repente. Sorpresivamente, ataca. Dondequiera que aparece hace sentir su presencia aterradora…
           
           El atracón se asemeja a un bicho. Enorme, inmundo y negro; el atracón nos recuerda lo más sucio y lo más desagradable de nosotras mismas. Rebeldía y dolor son nuestras reacciones a sus avances. Pero es una reacción breve. Demasiado pronto somos presa de sus garras, demasiado pronto caemos inconscientes.

            Como un parasito, el atracón se aloja en lo más profundo de nuestro ser. Y allí vive solo y en secreto. En un abismo sin final y sin principio, en un rincón oscuro y húmedo, en un lugar que parece nuestro y a la vez extraño; allí, el atracón crece. Crece y crece. Crece hasta hacerse gigantesco, hasta hacerse insoportable. Y en el medio de la noche, cuando todos duermen y nadie escucha empieza –con fuerza colosal e indomable- a rugir. Con cada rugido, nuestro ser se estremece. La batalla dura poco o mucho tiempo. Como quiera que sea parece que durara siglos. Es una batalla conocida, continua, penosa e intensa. Pero por sobre todas las cosas es una batalla dolorosa.
            
           De pronto, caemos inconscientes y presas del bicho. Lejos – por un rato- de todo dolor y de toda sensación permanecemos sumidas en un estado casi hipnótico.
         
           Durante el asalto somos un pedazo de carne inmune a todo. Metidas en la oscuridad de la noche, solo con la luz de la heladera a medio abrir, las manos ocupadas con comida: comida cruda, comida dulce o salada; comida agria, comida. La boca, nuestro único centro; las manos, parte de un sueño. Rápidas. Mas y mas comida antes de que alguien venga, antes de que nadie se dé cuenta, antes de que la oscuridad empiece a abandonarnos, más y más comida es lo único que importa.
            
           Por un rato estamos unidas al mundo de la Nada. Nada importa. Solamente comer. Y comer es lo que hacemos.

            Después, una somnolencia mortífera invade al monstruo que nos posee. Dolor de estomago, orgullo roto. Culpa. Despertamos. El bicho ya no está.

            La pesadilla se convierte en realidad, nuestra realidad. Cuando salimos del mundo de la Nada y de entre la Comida; cuando “despertarnos” y nos vemos frente a la heladera y sin la inmunidad que nos presta el atracón, entonces … es allí, donde empieza la saga del dolor y de tragedia que tanto conocemos, cuanto tanto repetimos: culpa, dolor, orgullo roto.

            Se respira un halo de desastre una vez que el bicho se retira; una vez que estamos solas nuevamente, frente a nosotras mismas
.

Relato, sin duda, desgarrador de su experiencia, la experiencia de muchos.  ¿La historia siempre se repite? Para empezar a escribir un final diferente necesitamos darnos cuenta que  El atracón no es un bicho. No es tampoco un monstruo. Es parte de nosotras. Es una parte que debemos abrazar, una parte sola y solitaria; una parte que necesita de nuestra compresión para no aparecer en medio de la noche, como una asaltante.

María Fernanda Blanco
Psicóloga
Trastornos de la alimentación y obesidad
Enfoque Mindfulness y Psicología de la Compasión

Contacto:
156.787.0730


Fuente: Celser Irene,  La Tirania de las dietas.1994. Editorial Planeta, pag 35-37