martes, 23 de mayo de 2017

Instaurando hábitos saludables con MINDFULNESS


Un hábito es toda conducta reiterada y conocida, que se vuelve frecuente para nosotros. Es esa conducta que realizás y realizaste muchas veces en busca de una resolución, alivio o placer instantáneo, haciendo algo o no haciéndolo.
Están los llamados buenos hábitos, aquellos que te hacen más eficiente en el día a día y que no querés cambiar, como bañarte, preparar el desayuno de la familia, tu forma de manejar el auto, preferir el agua como bebida del día, entre tantísimos buenos hábitos, y los malos hábitos, esos que alguna vez te sirvieron para calmar o darte alivio sobre alguna situación (por ejemplo: picotear galletitas a deshoras, comer de más, no hacer ejercicio físico, etc.) pero que hoy ya no coinciden con tus metas, con tu mirada a largo plazo de quien querés ser. Eso que querés cambiar.
La mayoría de las veces, los hábitos se aprenden en la infancia, que una vez que se ha repetido lo suficiente, es una conducta que queda reforzada, que en nuestro cerebro es una red de neuronas fuertemente establecida: el circuito mental o la red neuronal de ese hábito.
En los últimos años numerosas investigaciones demuestran que el cerebro no es un órgano estático, sino que cuenta con la asombrosa función de la neuroplasticidad. Este es el conocimiento científico que provee el eje central de la práctica de mindfulness. Lo poderoso de la neuroplasticidad es que te da una herramienta para recablear tu cerebro, es decir, para cambiar. 

La experiencia cambia el cerebro
Si repetidas veces te involucraste en los mismos comportamientos (por ejemplo elegir tomar gaseosa, picotear, no hacer actividad física), tu cerebro va a designar a esta acción como preferida, sin importarle los efectos que tenga en vos o en tu vida futura. Es decir, las acciones o inacciones que hacés hoy (donde dirigís tu atención) tiene un efecto sobre la plasticidad de tu cerebro y sobre cómo vas a responder a diferentes estímulos en un futuro cercano.
Se necesita de un fuerte compromiso, trabajo, disciplina y dedicación sobre eso que querés cambiar. Porque si bien es posible, habilitar la opción de lo nuevo necesariamente lleva un trabajo intenso.  
Esto se logra renovando tus intenciones de elegir a qué prestarle atención, y el poder de observar tus impulsos, pensamientos, emociones y acciones automáticas… y dejarlas pasar, sin engancharte con todo lo que ofrece tu mente.
En resumen: una vez que decidiste prestarle atención a algo nuevo, tenés que darle tiempo de práctica, repetir la conducta, repetirla, repetirla con paciencia, para que se establezca como “la opción”.
La práctica de mindfulness enseña que el cambio requiere conocimiento, y el conocimiento sólo se inicia cuando nos detenemos (práctica contemplativa del momento presente) y centramos toda nuestra atención en lo que ocurre frente a nosotros.
1. Agradece que puedas comer.

2. Comer despacio.

3. Con moderación y 3 comidas al día: la porción es el plato.

4. No prohibir grupos de alimentos.

5. Que abunden los vegetales en tu plato.

6. Hacer pausas para registrar el nivel de hambre y saciedad.

7. Comer es un placer.

8. Mente que no ve, mente que no se entera.

9. Hacer ejercicio físico es clave para estar saludable.

10.  Escribe tu declaración de intenciones como principal estrategia.

TITULO ORIGINAL DEL LA NOTA:  10 pausas de Mindfulness para cambiar los hábitos alimentarios* El autor es médico clínico especialista en nutrición e instructor de mindfulness, dirige el sitio www.comerdespierto.com y dicta Programas de Alimentación Consciente en Visión Clara Mindfulness Argentina, en la sede de Belgrano; comerdespierto@gmail.com

martes, 14 de febrero de 2017

Crisis Psicológica



CRISIS PSICOLÓGICA

Una crisis es un evento traumático que desborda la capacidad de la persona para afrontarla (Benveniste, 2001), este es un estado temporal de desorganización, caracterizado por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas y por la intención de obtener un resultado radicalmente positivo o negativo en la situación considerada como estresante (Salikeu, 1988)

La crisis es:
-       
     * Repentina

-       * Inesperada, no puede ser anticipada (no aplica para crisis por evocación o anticipación del pensamiento)

-       * Urgente, pues amenaza el bienestar psíquico y/o psicológico.

-       * Masiva, algunas crisis circunstanciales afectan a muchas personas al mismo tiempo

-       * Implica peligro o amenaza en la integridad del individuo

REACCIONES FRENTE A UNA CRISIS PSICOLÓGICA

La crisis como perturbación del estado normal de equilibrio, generará en el sujeto una serie de reacciones físicas/orgánicas, comportamentales, cognitivas y emocionales (Cohen 2003)

a)  Reacciones físicas
-       Sensación de cansancio o agotamiento
- Alteraciones gastrointestinales
-       Cambio de apetito
-       Sensación de ahogo
-       Perturbación de condiciones crónicas como diabetes o hipertensión
-       Taquicardia
-       Sobresaltos
-       Sudoración

b)  Reacciones cognitivas o del pensamiento
-       Confusión
-       Pesadillas
-       Rumiación o preocupación con el problema
-       Dificultad para concentrase y poner atención, lo que puede ocasionar problemas de memoria.
-        Dificultad para la toma de decisiones
-       Cuestionamiento a creencias religiosas o espirituales

c)  Reacciones emocionales
-       Tristeza
-       Irritabilidad
-       Miedo
-       Desesperación o agobio
-       Culpa
-       Percepción de fracaso
-       Cambio de humor

d)  Reacciones de comportamiento
-       Alteraciones del sueño
-       Llanto
-       Alto nivel de actividad o energía
-       Sobresaltos
-       Aislamiento


Fuente: Primeros auxilios psicológicos. Cruz Roja Argentina

Si estás pasando por un momento difícil no te quedes callado. BUSCA AYUDA PROFESIONAL.  Si observas que alguien de tu entorno puede estar sufriendo asesórate de qué manera podes ayudarlo.

Psicóloga

Contacto:
15.6787.0730



miércoles, 11 de enero de 2017

Mereces ser querida, incluso por ti misma



QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:
Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.
Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.
¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.
Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.
Te he visto ser la última en quitarte la ropa.
Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.
Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.
Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.
Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.
Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.
No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.
Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.
Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos –o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.
Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.
Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.
Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.
Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.
Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.
Me gustaría poder decirte que –créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.
Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?
Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.
A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…
Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.
Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.
Porque así es como todos merecemos ser queridos.
Y así es como todos deberíamos querer.
Jessica Gómez – Autora
QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:


                                                    Firmando la paz con la comida


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